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Inversiones conformes con la fe católica
La protección de la creación, la creación y la dignidad humana son principios y valores católicos fundamentales que guían las decisiones de inversión del Instituto, que opera internacionalmente en pleno cumplimiento de la Doctrina Social de la Iglesia Católica. En el centro de su actividad, el Instituto no prioriza el máximo beneficio posible, sino aquel que sea compatible con las normas morales y, al mismo tiempo, respete los estándares y las mejores prácticas bancarias internacionales.
En cumplimiento de los principios y valores que lo inspiran, el Instituto selecciona las empresas y los Estados en los que invertir, que operan en el cumplimiento de la ética católica, y basa sus estrategias de inversión en opciones de gestión prudentes y coherentes con la Doctrina Social de la Iglesia.
Con el fin de implementar los criterios de selección y las medidas de control necesarias para garantizar la conformidad ética y la integridad de las empresas seleccionadas, el Instituto ha desarrollado una política de inversión sostenible y responsable, coherente con la Doctrina Social de la Iglesia e inspirada principalmente en las directrices señaladas por el Papa Benedicto XVI y el Papa Francisco en algunas de sus encíclicas y exhortaciones más significativas:
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Papa Benedicto XVI, Carta Encíclica Caritas in Veritate, 2009
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Papa Francisco, Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, 2013
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Papa Francisco, Carta Encíclica Laudato si’, 2015
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Papa Francisco, Carta Encíclica Fratelli tutti, 2020
Es una actividad compleja y demandante – llevada a cabo por un grupo dedicado de profesionales – que implica monitoreo y revisiones periódicas, orientadas a verificar la adecuación y coherencia respecto a la evolución del escenario económico, ambiental, político y social.
Esta metodología propia para la toma de decisiones de inversión se basa en cinco pilares, coherente con el perfil de riesgo y rentabilidad de la clientela. Los cuatro primeros son la Santidad de la vida humana, el respeto por la vida humana, la protección del medio ambiente y la lucha contra las adicciones, a los que se añade una «red de exclusión» adicional, resultado de la aplicación de la responsabilidad social y la sostenibilidad, basada en los 10 principios del Global Compact de las Naciones Unidas.
